lunes, noviembre 26, 2007

José Luis Guerín

(rueda de prensa del Festival Internacional de Cine de Gijón 26/11/200/)

Una amiga decía que siempre tenía libros pendientes que no se atrevía a entrar en ellos. Una especie de retos personales, aunque quizás, conociéndola, se trata de un gesto de inmensa humildad hacia el autor y sus palabras y quizás la tristeza de, una vez, finalizado el libro, haber consumado el misterio.
Recuerdo perfectamente, bendito Mnemonics, la vez que escuché del estreno de Inisfree. Y esa sorpresa por de pronto y tan de repente aquellas manchas tan verdes del monte y aquellos labios tan rojos de Maureen O´Hara. Pero desde entonces sigo aguardando a verla, mirándola de lejos como a una habitación en penumbra o como a un cuerpo radiante y desafiante. También se perfectamente en que estantería del videoclub está En construcción y también recuerdo perfectamente las veces que la tuve en la mano y la volví a soltar y me quedé a esperar en el umbral, cuerpo aplazado y con ese gitanes para fumar más tarde como en gorrión de vos.
Por eso mismo me salté En la ciudad de Sylvia en el itinerario del festival. Y por eso mismo no sé si me atreveré con Unas fotos en la ciudad de Sylvia dentro de apenas una hora y media (tengo la entrada, luminosa también, asomando en la cartera, a un paso de mi mano izquierda al irse ésta de la a a la q).
Esta mañana sí que fui capaz de vencer miedos y asomarme a ver a José Luis Guerín en la rueda de prensa del Festival. Fotografiaba y filmaba al público mientras hablaba y a sus compañeros de mesa en sus intervenciones. Movía la palabra despacio y hermosa generando esa expectación de hacernos querer estar y volver a todos los lugares y no-lugares que iba recreando. Apoyaba de forma significativa los codos y tenía las córneas heridas con un rastro indefinible de luz, deuda o mejor, como decía, vocación de encuadrar espacio y nada, experiencia de moverse en interregnos. Vocación de ser la propia imagen y querer saber qué anda o viene detrás de ella, esa mano enyesando muros y descubriendo signos e identidades, la torre de Babel como un punto de partida, una imagen indeleble, la caja cabeza herida de Rulán, la reconstrucción, el misterio entre una secuencia y otra, la poesía como expresión de lenguaje o imagen o la comunión laica en una sala de cine a oscuras. Contemporáneos, claro. La belleza del silencio. Ufff. Un recital de poesía sin métrica en plena rueda de prensa, vamos.
(Late la entrada en la cartera. El cuerpo en el umbral, la incertidumbre, quedarse o movernos y entrar en cuerpos desconocidos)

Artemio Rulán para Contemporáneos y La Contraportada