4 jun 2015

Un poema en el bolsillo




Llevo un poema en el bolsillo.
Lo utilizo como hicieron Hikmet y Gloria.
Me paseo por las calles con él bien guardado. Compro el pan y arranco el coche con él. Lo enseño para mirar al cielo y para cruzar la calle, para tomar el número en la carnicería y peinar a los hijos. Con el poema en el bolsillo bajo las persianas, acaricio a mi mujer y cierro los libros. El poema me sirve para pedir fuego y agua. Hace de pañuelo, de luna y de cama. Es un espejo. Es la caja tibia donde guardamos el viento.
La poesía es la herramienta que tenemos para tratar de explicar, inconsistentemente, todo lo que pasa ahí fuera. El mundo entero cabe en mi camisa: en este esquema imperfecto de vocales y consonantes. El poema en mi bolsillo lleva las mismas preguntas que ya hicieron las mujeres y los hombres de todas las edades.
No es un buen poema. Literariamente nadie lo señalará como excepcional. Pero me ayuda a tomar el café y la luz todas las mañanas. El poema dice así:

Reuno en un trozo de
pan todo el alimento que
suma,
semillas, el tomate puro
y el aceite.
El movimiento de mi muñeca
sobre el plato
imita a un universo efímero.
Canta un pájaro.
En este trozo del mundo
cantan pájaros a todas horas.
Los días son anchos de luz.
Dentro de nada comenzarán a acortarse.
Así mi vida.

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