"Días alciónicos, solsticio de mi vida..."
Memorias de Adriano. Marguerite Yourcenar.
Nací en los lindes de la compasión de los dioses. En esos días de principios de invierno que se reservan para guardar a los más débiles.
Alcyone era la hija de Eolo, domador y dueño de los vientos, y de Enárete. Ceix era el hijo de Eósforo y rey de Traquis. Alcyone y Ceix eran felices, se amaban. Quizás en aquel tiempo no se había inventado aún la palabra amar. Quizás no fuera un único verbo, una sola palabra o quizás no la tuvieran para designar lo que ahora domesticamos en letras. Pero Alcyone y Ceix, padres de Hípaso e Hilas, se amaban.
En ese ensimismamiento de su felicidad obviaron lo cotidiano y decidieron darse nombre de dioses. Ella le llamaba Zeus y él la llamaba Hera.
Como ocurre en todas las religiones los dioses odian la felicidad ajena y más odian aún que ésta aproveche para tomar su nombre en vano. Por ello, lejos de amables precipitarse desde los cielos y suicidarse en carne mortal, decidieron castigarles: el barco en el que Ceix navegaba naufragó; Alcyone al enterarse de su fallecimiento se arrojó al mar.
La venganza no fue total ni completa y en algún momento, quién sabe, la mano extendida de Alcyone en el agua, un trazo de luz, un recuerdo de infancia que hasta tienen los más lejanos, en algún momento, quién sabe, los dioses se conmovieron. Compadecidos devolvieron la vida de Alcyone y de Ceix en forma de alciones, en forma de martines pescadores.
Dicen que los alciones ponen sus huevos alrededor del solsticio de invierno. El mal tiempo y los vientos gélidos de esos días dificultaban que los nidos y los huevos prosperaran y que las crías de Alcyone y Ceix pudieran sobrevivir. Eolo solicitó una tregua para sus nietos: sólo siete días antes del solsticio, sólo siete días después del solsticio.
Los días alciónicos. Un tiempo de compasión y perdón de los dioses para que la naturaleza fuera clemente con los alciones. Días de calma y de gloria, sin viento, de sol de invierno para curar lo pequeño y frágil. Días de tiempo detenido y de reconciliación con la belleza.
Nací en los lindes de la compasión de los dioses. En esos días de principios de invierno que se reservan para guardar a los más débiles.
Artemio Rulán. Los nacimientos.
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