16 nov 2015

El cuerpo de Artemio Rulán


"Habíase despertado en mí la curiosidad por esas regiones intermedias donde el alma y la carne se confunden, donde el sueño responde a la realidad y a veces se le adelanta, donde vida y muerte intercambian sus atributos y sus máscaras. (...)
¿Será el alma la culminación suprema del cuerpo, frágil manifestación del dolor y el placer de existir?¿O bien, por el contrario, es más antigua que ese cuerpo modelado a su imagen y que le sirve bien o mal de instrumento momentáneo?¿Es válido imaginarla en el interior de la carne, establecer entre ambas esa estrecha unión, esa combustión que llamamos vida?"

Marguerite Yourcenar. Memorias de Adriano.


"How many lives do we live? How many times do we die? They say we all lose 21 grams... at the exact moment of our death. Everyone. And how much fits into 21 grams? How much is lost? When do we lose 21 grams? How much goes with them? How much is gained? How much is gained? Twenty-one grams. The weight of a stack of five nickels. The weight of a hummingbird. A chocolate bar. How much did 21 grams weigh?"

21 grams


"¿Acaso se van?
¿Y a dónde van?"


Silvio Rodríguez



Nunca he tenido mayor aprecio por mi cuerpo. Acaso sólo una pequeña estima en una adolescencia remota: contemplando como un pájaro airado aquellas alas que me crecían en el alma y que no concordaban con el resto.
Los mayores asombros de él vinieron gracias a otros cuerpos que fueron señalando, con los años, tímida o arriesgadamente, mi geografía. Descubrí así mis manos. Los dedos para batir el aire. Un trozo roto en el cuello. Un abismo en la clavícula. La tristeza en los muslos. La vehemencia en las sienes. La torpeza en la nuca. Los vacíos y los flancos.
Pero nunca he tenido aprecio ni cuidado por mi cuerpo. He dado por hecho su presencia y ha sido compañero y contemporáneo que supuse siempre atento. Ahora que se remonta y marcha solo, estimo con nostalgia cómo podría haber sido más amable con él. Añoro que, habiendo sido de otra forma, hubiéramos llegado a un entendimiento mejor y quizás, esto de ahora, entendible por la trayectoria - todas las palabras aquí dentro siempre, refiero, y la incapacidad de decirlas nunca- quizás esto ahora, pienso, lo hubiéramos postergado juntos y hubiésemos cumplido una vejez más tardía y amable.
El proceso que ahora empieza supone un tímido reencuentro entre el cuerpo y el resto, aún a sabiendas que quizás sean lo mismo. Dos amigos de la infancia que ya no se reconocen, que han envejecido y hasta se han negado el saludo, que han pasado tiempo volando lejos de la calle y el barrio, pero que, con todo, se reconocen perfectamente y vuelven a la misma conversación que aplazaron varios millones de horas atrás.
Le pregunto dónde guarda lo que más pesa. Cómo, adelgazándose, es posible que guarde tanto de lo que pesa. Cómo y en qué esquina dobla lo que no tiene peso. El porqué de todo esto que argumento- y tiene menos peso que las palabras que lo nombran - se recoge en un trozo de él. Y dónde lo guarda. Me sorprende, y así le interrogo, que esta piel seca haya mecido tantas palabras y pensamientos; que si los pensamientos que no se dicen mueren o caducan y que dónde se lleva los muertos. Le pregunto por la afonía (ya sabés). Que si en la despedida que ahora acometemos se va primero él o yo. O si me dirá al irse sencillo y simple un "ya no te espero" y me dejará quedarme a jugar y a morir siempre en Tepanahuori.


Artemio Rulán.


No hay comentarios:

Publicar un comentario