10 dic 2015
La estirpe
Tu abuelo los llama gelipollas. No sabemos si por dislexia tardía o porque no han llegado a merecerse el calificativo de gilipollas. Son airrebundos de pompa y afrásicos de abondo. Su cohorte ocupa una manifiesta epidemia, endemia o pandemia: Según estaciones, países o ciudades. A veces comprenden brotes aislados de fácil control. En difíciles ocasiones la transmisión afectará alguna faceta de tu vida y tú, pese a las instrucciones prescritas, asumirás sus rasgos y síntomas. Mal asunto pero previsible si nos entendemos realistas.
Son emprendores y manifiestos. Desgraciadamente suelen dar la cara. Tratan de joder de día y arrechinar de noche. Empeñeran en solventar malas ideas y refinadas y malditas actitudes. Coquetean, asumen, fingen, pululan, sorben, copian y emulan. Ensañan muecas de espanto y virtudes de asueto que refullan de mañana, aloman de tarde y despuljan de noche. Perturban telediarios y páginas completas de los diarios. Pueden trabajar de todo. Ocupan cargos, andamios o consultorios. Escriben libros. Componen música. También compran libros y compran música. Porque los gelipollas dan de comer a otros gelipollas en un círculo imperecedero y arcaico que se remonta a la mañana de los tiempos. Asumen y postulan la conturbancia de cohortes de gelipollas (de gelipollas tanto o más que ellos) y que les siguen prosaicos y distibulados, asumiendo su petulancia de discípulos cuando podrían ser más gelipollas que el gelipollas magno padre o la gelipollas harta madre. Montan academias para fomentar la retronancia de otros gelipollas y hacer del tema una ortáxica fundación o una contumaz disonancia que acabará modificando su más simple y elemental cadencia genética. Viajan en autobús, en AVE o en taxi. O toman trenes o puentes aéreos. Mascan chicle o fuman refruantenemente. Les encanta ponerse apellidos y jugar a los títulos. Crían y veneran gelipollas en la oscuridad que algún día verán la luz, y arreciaran la clandestinidad de su estirpe.
Si te contagia algún día el paradigma posa despacito tus codos sobre la mesa y respira hondo dos o tres veces seguidas. Se te pasará. Si el paradigma se te posa enfrente y te encuentras con un verdadero o verdadera gelipollas sigue el consejo. MíraleE despacito a los ojos, al centro de los ojos. Y cuando lo tengas bien mirado, sólo cuando lo tengas bien mirado, masca un insulto entre molares y sóplale despacito entre las cejas. El gelipollas prosaico se romperá en dos como el cristal
No hay comentarios:
Publicar un comentario