Pasa siempre un avión en los momentos más especiales. L. me lo recuerda continuamente desde que era pequeña.
Y pasa un río delgado de niños en la tarde que rompe las flores al agua.
La felicidad es proporcional a esos hilos que traemos de aquellas infancias a estas otras.
Hacíamos viajes eternos hacia el Sur. Y el Sur era un misterio que tendíamos con el índice en los mapas. Dormíamos en la carretera a medio camino de nuestro destino final. Yo era un agradecido copiloto y mi oficio solo consistía en abrir una bolsa de plástico enorme donde llevábamos las cintas. Iba poniendo lo que me pedías y de tanto en tanto alternaba tus cintas con algunas de las mías.
Mi otro oficio era sólo mirar por la ventana como pasaban las tierras y decirte, con mi cabeza, sin hablarte, un montón de cosas. Me gustaba aquellas horas de viaje para estar simplemente ahí, miope, callado, sonriente y desorientado mirando el mundo, para decirte todo sin palabras.
Llegabas cansado, medías los mostradores y los armarios y yo hacia tiempo paseando por una ciudad desconocida. Como un animal contemplativo, pájaro o perro, me imaginaba todas las posibilidades del mundo. Buscaba tiendas de discos y camisetas en un paisaje tan diferente al nuestro. Sólo hacíamos una noche, cenábamos con la gente del trabajo y volvíamos al Norte. Creo que apenas pronunciaba dos o tres frases en todo el día.
El presagio más importante era que sonara una buena canción cuando llegáramos a destino. Tanto al entrar en la ciudad a la que viajábamos como a la vuelta al entrar en Gijón. Como cuando en el plato dejas lo mejor para el final, yo siempre dejaba mi canción favorita para ponerla cuando llegáramos a casa.
Una tarde, cruzando hacia el Sur, con las ventanas abiertas, contemplábamos el sol marchándose: "Hijo, no sabes la tristeza que se pasa cuando ves atardecer estando tan lejos de casa"
Y señalabas rastros de árboles, asombros y los deberes que me estaba comenzando a poner el mundo.
Pájaros, aviones y perros.
Muy bonito
ResponderEliminarSon espacios comunes de la memoria.Cada uno con su padre, en su coche, con nuestras cassettes y sus canciones