10 nov 2018
'Ni que decir que era un sueño, el más breve de todos'
"Conocemos aún muy mal la configuración de la tierra, pero no comprendo que uno pueda resignarse a esa ignorancia. Envidio a aquellos que lograrán dar la vuelta a los doscientos cincuenta mil estadios griegos tan bien calculados por Eratóstenes y cuyo recorrido nos traería otra vez al punto de partida. Me imaginaba a mí mismo tomando la simple decisión de seguir adelante por el sendero que reemplazaba nuestras rutas. Jugaba con esa idea... Estar solo, sin bienes, sin prestigio, sin ninguno de los beneficios de una cultura, exponiéndose en medio de hombres nuevos, entre azares vírgenes... Ni que decir que era un sueño, el más breve de todos. Aquella libertad que me inventaba sólo existía a la distancia; muy pronto hubiera recreado todo lo que acababa de abandonar. Más aún: en todas partes sólo hubiera sido un romano ausente. Una especie de cordón umbilical me ataba a la Ciudad. Quizá en aquella época, en aquel puesto de tribuno, me sentía más estrechamente ligado al imperio de lo que me siento hoy como emperador, por la misma razón que el hueso del puño es menos libre que el cerebro. Y sin embargo soñé ese sueño monstruoso que hubiera hecho estremecerse a nuestros antepasados, prudentemente confinados en su tierra del Lacio, y haberlo albergado en mí un instante me diferencia para siempre de ellos"
Memorias de Adriano. Marguerite Yourcenar.
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