"Me gustaría enterrar un objeto precioso en cada lugar donde haya sido feliz y, cuando sea viejo, feo y triste, volver para desenterrarlo y recordar"
Retorno a Brideshead. Evelyn Waugh.
Fatigué a Galip para que pudiera conseguirme algo de Mnemonics.
Me era preciso contar con todos los recuerdos necesarios.
No lo había conseguido.
Traté para ello de volver innumerables veces a los mismos lugares. Hacerlo en diferentes momentos o intercalando las visitas en diferente orden.
No fui capaz de hacerlo invocando todas las palabras que leímos aquellos años. Ni juntando casi todos los libros o poemas.
Ni tratando de anotar las palabras que llevaban todos vuestros rostros y las posibles frases que se formarían al unirlas. Si callaba tanto en aquella época, si apenas hablaba de joven en las conversaciones era para miraros fijamente y buscar vuestras palabras. Las que componían vuestros rostros.
Vosotros no lo sabíais. Yo callaba y anotaba. A eso he venido. Anotaba la palabra única y expresa que cada uno traéis en vuestra faz.
Le pedí al menos veinte gotas de aquel líquido violeta. Que me hiciera soñar sin dormir y me devolviera todos los recuerdos en uno.
No me importaba lo que podría pasar luego. Quería estar en aquella habitación uniendo todas las historias, los lápices, las canciones, las migas de una moqueta, los bordes de un armario vencido, cantos de enciclopedias, telarañas en los hombros, mantas medio dobladas, lámparas y persianas, plásticos y tornillos, libretas, ralladuras de goma, papeles escritos a tres caras, chinchetas, luz de agosto, los dibujos de la colcha, las zapatillas, un cubrecama, un cajón con instrumentos de costura, compases y cortauñas, otro con calcetines, el deseo en filas y armarios, un monedero y un recipiente vacío de colonia, pañuelos doblados con una inicial de alguien que no existió nunca, entradas gastadas de cine, monedas, la pared rugosa y el deseo o la esperanza.
Llamé a Galip. Habla con Celal, le dije, toma mi dirección y traeme Mnemonics, ese último fármaco europeo que abre con toda facilidad los vasos cerebrales obstruidos por el espanto, la nicotina y los malos recuerdos y en un instante nos devuelve a todo aquello que teníamos en aquel cuarto.
Artemio Rulán. La enfermedad de Artemio Rulán.
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