ni inquietud,
ni sueños,
ni misterios,
ni pasión;
nada en esta mano,
nada en esta otra,
y nada en el corazón.
Truco. Noel Nicola
No
había manuales para esto en Tepanahuori.
Salíamos del bar de Fina a los
portales y mirábamos callados la tarde callar. Yo sumaba pensamientos y cedía
tranquilo pensando que si había sobrevivido un día más al barullo en la mesa, todos esos
libros, papeles, lápices y letreros, migas, comida, recuerdos, ropa y vasos.. Pensaba, más o menos, que quien desenvuelve eso bien hasta el mediodía ya es casi adulto y
puede salir así a la calle como si nada. Y mirar el sol y dibujar peces con la punta de la bota y quizás mascar nombres como letanías pero sin dolor y volver a casa, orinar, santiguarse y dormir nomás.
Mentía. Lo sabía. Lo supe siempre. Mayo quemaba como queman
sólo las historias que en hilos guardan cajas. Y esta era una sola que acercaba años de más. En la puta
columna viendo atardecer llorábamos como críos. Como crío llorabas Rulán. La terrible abstinencia de
imposible guardar silencios así. Me engañaba pensando que no eras tú, que era
yo. Me engañaba diciendo que todo era un hambre primigenia del alma, de la que ni patrias, ni cuerpos,
ni dioses me aliviarían jamás.
Artemio Rulán. La enfermedad de Artemio Rulán
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