5 feb 2026
Tormentas
Las tormentas de este año han cambiado las playas.
Algunas son ahora casi irreconocibles. Este ha sido uno de nuestros temas favoritos de conversación en verano. A la orilla de la mar girábamos y volvíamos siempre sobre la mismo. “Mira cómo está todo ahora lleno de piedras. Ya no hay arena”. Lo hablábamos con los conocidos o con los desconocidos que se acercaran.
La orilla llena de piedras. En algunas complicado entrar a bañarse con esa elegancia natural y prestancia con la que lo hacíamos otras veces.
Una pregunta recurrente era saber si las galernas habían arrastrado las rocas o si por el contrario las rocas ya estaban ahí y lo que había hecho la tormenta era llevarse la arena y que aparecieran piedras antes enterradas. Esto lo preguntábamos también en esas conversaciones cíclicas. Nos daba igual la respuesta. El resultado lo teníamos delante de nuestros ojos. "¿Y a dónde se ha ido la arena?¿Y de dónde vienen estas piedras?¿Cambiará el año que viene?". Era interesante colocar las preguntas dándonos exactamente igual cuál fuera la respuesta.
Las playas son cuerpos transformados. Recorrer la costa servía para adivinar aquellas que seguían iguales y aquellas que habían cambiado. Quizás no era muy importante saber porqué. Qué había pasado. Algunas preguntas no deben ser jamás respondidas. No todo se puede medir, es cierto. Algunas preguntas quedan como ese frío de la noche en algunos rincones de la ciudad. Todo es calor, pero algunas esquinas conservan el frío perfecto de lo que era el mundo unas horas antes en la noche. Que no se escape nunca. Algunas preguntas quedan como la bandada de pájaros que esta mañana se colaba en los patios. Tan perfecta la luz que no querían marcharse a ningún sitio.
Después de las tormentas de este invierno y de la primavera, las playas son ahora cuerpos diferentes. Parecen tener menos pelo. Andar más gastadas, como si les faltaran dientes. Desordenadas dentro de su desorden natural de olas y espuma. Desorganizadas en su inmensa belleza. Provisionales aunque sabemos que lo serán menos que nosotros.
Pese a todo, nunca habíamos tenido tanta hambre de mar como este año.
La vida es eso que va pasando entre los momentos en que nos acercamos desnudos al mar.
Un día sales de la mar y tu madre te llama y te abraza con una toalla maravillosa. Otro días has ganado cinco dioptrías y ya va costando encontrar un lugar en la playa y un trocito de playa en el mundo. Otro es medianoche y alguien te espera en la orilla. Te dice algo despacio al oído. Crees que lo sabes todo. Otro sales con frío y con varios nombres de menos en la recámara. Otro y tu madre no está y trabajas y tienes una nómina y un paquete de cigarros en la mochila y deudas contigo mismo que sabes no vas a pagarte. Otro buscas a alguien y no la encuentras. Otro y hay dos chiquillos corriendo y riendo que te llaman por el nombre con el que tú llamabas a otro alguien en el baño de lo que parece fue hace dos días. Otro y sales con preguntas. Otro y sales con preguntas. Otro y miras la luna y susurras bajito y haces un pez con la punta del pie en la arena. Otro y te muerdes el hombro de sal antes de volver a trabajar. Otro y tienes los días contados.
Las playas son cuerpos transformados.
Después de las tormentas de este año, las playas son cuerpos transformados. Recorrer la costa sirve para adivinar en cuáles sigues igual y en cuáles has cambiado para siempre.
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