El pasillo sigue lleno de azaleas y nomeolvides. La Milagrosa disparando rayos a lo
Spiderman en el calendario.
El tiempo nublado no nos importa. Sabemos, lo aprendimos en esta cocina, que aunque no lo veamos debajo el azul es una locura.
Este verano hemos vuelto a Maycomb. Scott ha crecido. Nosotros también.
El mar sigue inmortal y sigue curando.
Hemos puesto una flor y un beso para ti en el mercado donde te dejamos con Eliza Doolittle. Fue una tarde muy hermosa, pero el tiempo se puso triste cuando me di cuenta que nunca te llevamos allí.
Cantan los pájaros a todas horas. Se nos llena de gorriones el patio. El otro día tuvimos uno en el salón. Se asustó tanto como nosotros. Casi dejamos la casa para no molestarlo. De cerca son muy pequeños y extremadamente frágiles. Cojeaba. Los amigos le esperaban fuera inquietos. Al final salió. Voló.
Se te echa de menos. Aunque estás más presente que nunca. Ahora los teléfonos se obstinan en recordar las fechas que nunca cuidé. Tu nieta se parece mucho a ti. Me hubiera gustado mucho que hubieras conocido al segundo. Tiene el carácter fuerte pero la piel muy suave. Los dos se hacen preguntas. Él dice que quién le trae el regalo al Ratoncito Pérez. Ella que quién creo a Dios. Todos nos preguntamos cómo andarás.
Sigo intentando dejar de fumar casi todos los días. Apenas leo y he apartado la poesía. Pero sigo tratando de mirar el mundo con calma y asombro.
Nos manejamos con belleza en este mundo que sabíamos iba a ser complejo. Y pese a la complejidad seguimos hacia delante.
Me he dejado la barba muy larga. Tu hija dice que he envejecido varios cientos de años. Tengo un hueco en ella para guardar gorriones. De ahí sí que no se escapan nunca.
El tiempo nublado no nos importa. Sabemos, lo aprendimos en esta cocina, que aunque no lo veamos debajo el azul es una locura.
Este verano hemos vuelto a Maycomb. Scott ha crecido. Nosotros también.
El mar sigue inmortal y sigue curando.
Hemos puesto una flor y un beso para ti en el mercado donde te dejamos con Eliza Doolittle. Fue una tarde muy hermosa, pero el tiempo se puso triste cuando me di cuenta que nunca te llevamos allí.
Cantan los pájaros a todas horas. Se nos llena de gorriones el patio. El otro día tuvimos uno en el salón. Se asustó tanto como nosotros. Casi dejamos la casa para no molestarlo. De cerca son muy pequeños y extremadamente frágiles. Cojeaba. Los amigos le esperaban fuera inquietos. Al final salió. Voló.
Se te echa de menos. Aunque estás más presente que nunca. Ahora los teléfonos se obstinan en recordar las fechas que nunca cuidé. Tu nieta se parece mucho a ti. Me hubiera gustado mucho que hubieras conocido al segundo. Tiene el carácter fuerte pero la piel muy suave. Los dos se hacen preguntas. Él dice que quién le trae el regalo al Ratoncito Pérez. Ella que quién creo a Dios. Todos nos preguntamos cómo andarás.
Sigo intentando dejar de fumar casi todos los días. Apenas leo y he apartado la poesía. Pero sigo tratando de mirar el mundo con calma y asombro.
Nos manejamos con belleza en este mundo que sabíamos iba a ser complejo. Y pese a la complejidad seguimos hacia delante.
Me he dejado la barba muy larga. Tu hija dice que he envejecido varios cientos de años. Tengo un hueco en ella para guardar gorriones. De ahí sí que no se escapan nunca.
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