"No, no conozco ese nombre. ¿Rulán dice? No me suena de nada, aunque eso no es muy importante, mi memoria me abandonó hace tiempo y sólo recuerdo cosas al azar, me he tenido que ir acostumbrando a esta erosión sin fin, a esta pérdida constante de imágenes, costumbres y abrazos, y ya ve, ahora me parece que lo imprescindible ya no es tan necesario. Pero si, como usted dice, ha frecuentado este barrio tan a menudo, es raro que no nos hayamos encontrado en alguna historia, porque en este lugar las historias suceden, como en cualquier otro lugar, sí, pero aquí además se cuentan, y se cuentan como si en ello fuera la vida, porque algunos incluso se dejaron morir en circunstancias extrañas sólo para agrandar su recuerdo y por lo tanto su historia y hubo incluso quien se creó una historia a medida, con moraleja y todo, algo muy mal visto por aquí, y queriendo permanecer, ahora no habitan ni vida, ni memoria alguna. Así que si usted me dice que él es muy dado a contar historias y sobre todo a habitarlas, pues sí, este sería un buen lugar para su búsqueda, poco más puedo decirle. Quizás nos visitara como turista o mercader, vestido con otro nombre, caminando sin rozar la vida o al menos la vida que vemos los demás, extraviado en lo que hace ajeno lo cotidiano. Quién sabe. No obstante, eso que le han contado, eso de que venía al café muy de mañana para no olvidarse de no se qué y que se sentaba junto al ventanal a contemplar la nada, hombre, supongo que es una forma de hablar, porque yo también me quedo a veces viendo cómo pasa la gente a través de la ventana, como León Felipe, y eso es como mirar la nada o como verlo todo, según cada uno, y cuando me ocurre, que es muy a menudo, y estoy con alguien, suelo excusarme diciendo que me he despistado un poco o que me he quedado tonto, o las dos cosas a la vez, aunque si usted prefiere denominarlo así, bien está, no seré yo quien le contradiga, no en eso, para qué.
Noto que me mira con cierta complicidad, con una sonrisa sospechosa. Tal vez crea que se está acercando, que ese al que busca puede ser cualquiera de los que visitan este local, que puede incluso que durante este rato, mientras tomaba su café y escuchaba mis cansadas palabras, ese tal Artemio ha podido acercarse a la barra para poblar los ceniceros de melancolía y dejar un hueco por lo que pueda llegar aún, que es lo que hacemos todos en este bar. O a lo mejor piensa que soy yo mismo y no tiene claro si eso es lo que desea, aún hay gente queriendo encontrar lo que busca, de todo tiene que haber, pero, aunque así fuese, no se deje convencer por la realidad, además no hay nada que pueda decirle sobre gorriones, yo de pájaros no tengo ni idea, claro que puede que lo haya olvidado"
José G. Ojinaga en Los gorriones de Artemio Rulán
No hay comentarios:
Publicar un comentario