1 sept 2015
La memoria de Artemio Rulán (I)
Ha tenido que venir a quedarse a dormir a casa. Más desorientado y torpe que nunca el viejo. Los críos le cuidan y le alimentan como si fuera un pajarito herido. Como un herido pajarito duerme. Las muñecas y los tobillos muy doblados y el cuello hiperextendido. Como si de un momento a otro tuviera que ponerse a volar.
Se apoya despacio en el cristal de la ventana de la cocina y N. le cuenta historias. El patio es otro pero lo mira igual que miró los de las casas anteriores. Ese vértigo de luz en las córneas. Le vestimos despacio. Pide las cosas en silencio y cuando las tiene entre las manos se empeña en el tacto. Como si a fuerza de acariciar el mundo fueran los dedos los que le devolvieran el nombre a los objetos. Toca así despacio, sin miedo. Entendemos que sin recuerdo ni memoria quizás se tenga vértigo o cojera pero nunca ya miedo jamás.
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