En la guantera quedaban chicles de menta y de naranja. Te los ofrecí con la mano extendida, sin mirarte a los ojos. Alguien hizo ese gesto idéntico hace miles de años.
Pensé - y se abrían varias citas bibliográficas mientras pensaba en el plagio-
que nuestro cuerpo es la sucesión de otros cuerpos. Un territorio imperfecto y perecedero que viene trayendo la historia desde hace siglos atrás.
Pensé también que una forma de medir la riqueza en ciertos barrios es por los canalones y las goteras en las calles. Y en este barrio caía mucha agua. Y en el barrio de nuestra infancia había una gotera inmensa quizás entre el 8 y el 10.
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