La plaza despacito al ir cerrándose la tarde y todos allá sentados de nuevo en la tienda de Fina. Quietos, sin apenas movernos y hablando muy bajito.
Los mayores errores que tenemos los humanos son los siguientes escribía Rulán rápido y torcido, sobre la mesa trastabillada:
pensamos a menudo en términos de inicio y finales quizás el concepto nace con la luz y con el día y con la noche con la constancia de lo que nace y lo que muere de lo que inicia a todo le ponemos una fecha de inicio y una fecha de final los cementerios son asombrosos en medir las diferencias, es pura lástima quedarse a la mitad de todo y ha de terminarse esa obsesión continua por-que todo ha de terminarse esa perentoria mierda de marcarse metas tareas rutinas y objetivos que tengan un inicio y un final todo ha de llegar a término y tener un sentido y lo que queda incompleto y no llega a ser no sirve para nada no es rutilante ni epatante es ruina mierda o ni eso porque la ruina no es ni inicio pero lo que queda a medias es peor que en esa carrera de llegar a objetivos. Hasta la escritura con un inicio o un final y uno ha de terminarse libros y es pura ruina dejarlos a la mitad no porque no gusten sino porque no está mal dejar a medias los libros o las conversaciones o las ojeadas al horizonte o el trago del vaso. Es tan importante acabar acabarse finalizar puede que tendríamos que poner de moda dejar las cosas incompletas un afán rulaniano por dejar todo a medias las camas por la mañana el café los besos los paseos o presignarse solo una parte o las cartas solo el encabezado todos incompletos por lema no terminar nunca nada para educarnos en esa rutina tan pura de tener que felicitarse continua por las tareas conclusas las huelgas a medias los abrazos a medias Quizás en relación con todo lo anterior viene la obsesión por las posesiones y los teneres. Es decir. Aquí tengo yo por ejemplo esta libreta y esta pluma y los lápices no tengo mucho más y el cuarto allá arriba está ya saben ustedes más bien vacío por lo que sea y no es vocación ni conciencia sino coincidencia o casualidad o puede que pura pereza pero el hecho es que no tengo mucho en casa ni me hace falta demasiado pero esto que solo señalo y tengo apoyando en mis yemas ahora la pluma y el diario eso son solo míos otrora yo tenía otras propiedades físicas o no o intentos de posesión que he ido perdiendo con los días o incluso con Resteiro pero no entiendo muy bien de quien son las cosas por-qué son de alguien o no y de donde andan colgadas las posesiones o para-qué si al final todos vamos al abismo ese remoto donde acabamos rezumando despacito tan bellos y tristes la sangre y la vida al final todos acabamos desapareciendo o no o quizás no se termina y la muerte sea como el sol ahi esa rayita que ya se va quizás sea solo un intermedio de algo que no nos podemos imaginar que no se si alguien lo decía alguien lo dijo nomás porque todos nos decimos siempre lo mismo no nos podemos imaginar el final o quizás es que hemos olvidado lo que es pero eso ya lo dijo alguien seguro y lo que estamos haciendo es pasándonos las palabras de mano en mano a medias y algunos mandriles se cubren de gloria porque las finalizan en tiempo y forma y las publican y se les da premios finitos medidos con objetivos cumplidos los otros mandriles que les leen asientan al terminarlas en forma y gloria para mayor gloria y desprecio de los incompletos y taimados que dejamos casi sin terminar ni sin ortografía lo que
Y en todo aquello que el viejo urgía escribiendo, le preguntábamos por el dolor del pecho que le había comenzado y le preguntábamos que nos contara:
Se inició en la mañana más fría de todas con un sol preciso pero con un frío que tomaba fuerte todas las junturas del cuerpo y sacaba rastros de polvo de las esquinas de los dedos y los codos. Posiblemente son de esas mañanas en las que uno se alegra de haber llegado. La sensación no era como creo que describen los libros al uso de los especialistas. No ardía, no dolía, no era ni siquiera como un peso, no se irradiaba ni se iba a ningún sitio. Ni al brazo ni a la mandíbula. Era un dolor claro y transparente en la zona misma donde nos dicen que tenemos el corazón. Y eso hacía que el dolor fuese más nítido porque hasta entones no había percibido el corazón y el dolor, que no era incómodo ni molesto quizás por todo esto que les ando diciendo, el dolor me hacía sentir perfectamente todos los bordes de la víscera. Nítidamente. Nítidamente es la palabra, como una imagen que ajusta brillo y contraste pero que sobre todo gana nitidez y que me permitía seguir con el rastro del dedo, desgastando la camisa, lo que se comenzaban a dibujar como los límites y fronteras del corazón. Y su forma era tan bella, más bella que lo nunca habíamos visto en los libros y quizás por esa fascinación de dibujar con el dedo su contorno por eso y por el calor que comenzaba a tener quizás por eso era un dolor que no dolía tanto. Y en el medio de la forma cardíaca, voy a ser culto, que se dibujaba en mi pecho, en medio apareció esa bola que no había sentido nunca hasta ese momento y la bola era la conformación del dolor. Una bola maciza, no sé si mercúrica está bien dicho, o de azogue o de espanto, pero un espanto sin miedo, sin miedo y sin esperanza, con desapego, un dolor que notaba perfectamente cómo se alojaba en la mitad inferior del corazón y como rodaba por él, la bola rodando en la vasija cardíaca como en un juego arcaico, como si ese juego hubiera estado siempre ahí y hasta esa precisa mañana fría yo no me hubiera percatadao, como si fuera el dolor que tuvieron antes de mí millones de hombres y mujeres y por ello lo más normal era sentirlo y recrearse en él y espera que fuera lo que tendría que pasar y subía un calor que me hizo desabrochar la camisa y la sudoración leve por el calor me hacía sentirme como en un sueño con la bola rodando despacito en las cámaras del corazón y yo sabía que no iba a hacer nada para parar aquello, que debería pero que no podía, porque la belleza era perfecta y me quedaba absorto observándola mirándola de frente, porque estaba viendo el mundo de la única forma posible que se puede ver el mundo cuando uno está a
Artemio Rulán. La enfermedad de Artemio Rulán
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