1 ene 2019


Solenoide. Mircea Cărtărescu


"En la sala de profesores soy una ausencia, un hombre en la sombra: el profesor de Rumano que viene y va con tanta decisión que parece no haber existido nunca. Después de la última clase paso por la sala solo para dejar el cuaderno de notas. Bajo las escaleras y salgo por la puerta. Sea el mes que sea, cuando abandono la escuela es siempre otoño: el viento frío arremolina por la calle un polvo grueso, reluciente, que me ensucia las pestañas y el cabello. Llego hasta la gran rotonda donde giran los tranvías. Sus vagones, con las chapas oxidadas y las bombillas rotas, parecen de otro siglo. En la parada hay una marea humana que mira en la misma dirección. A lo lejos, desde el fondo de la avenida de Colentina, viene traqueteando el tranvía 21, al que tendrán que subir el triple de pasajeros de los que puede transportar. Algunos viajarán en el tope trasero, otros se colgarán de las barras de las puertas. Lo dejo partir cargado con ese pólipo humano y, puesto que el siguiente no llegará hasta dentro de media hora, echo a andar junto a la fábrica de tubos. El viento me empuja por la espalda, me alborota el pelo, se me pegan al cuerpo papeles y porquerías del suelo. Paso junto a minúsculas sifonerías, junto a panaderías, junto a vulcanizados y depósitos de madera. El sol baja, el color del mundo se torna escarlata y cada transeúnte con que me cruzo agudiza mi soledad"


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