19 ago 2025

La Palabra

En el siglo XVII una sociedad secreta denominada Orbis Tertius comienza la construcción de un país imaginario a través de palabras. Este proyecto se relanza en el siglo XIX y se amplia a proponer un planeta y un universo y de todo aquello que lo compone. Las palabras lo nombraron y así lo construyeron. Borges tiene conocimiento de esta historia a través de una cita casual que una noche le hace Bioy Casares y la anota en su relato Tlön, Uqbar, Orbis Tertius.

Michael Ende narra la historia de un grupo de titiriteros que recorren el mundo en busca de una palabra que han perdido. Una palabra que da sentido a todo:

- Había sucedido una gran desgracia, bella dama. Un día nos dimos cuenta de que faltaba una palabra. Nadie nos la había robado, tampoco la ha­bíamos olvidado. Sencillamente ya no estaba. Pero sin esa palabra no podíamos seguir actuando, porque ya nada daba sentido. Era precisamente la palabra por la que todo se relaciona con todo. ¿Comprende bella dama? Desde entonces viajamos de un lado a otro para encontrarla de nuevo.

- ¿Por la que todo se relaciona con todo? - preguntó la dama, asombrada.

- Si - dijo el viejo, asintiendo serio con la cabeza- , seguro, bella dama, que usted también se habrá dado cuenta ya de que el mundo sólo se compone de fragmentos que no tienen nada que ver los unos con los otros. Eso es así desde que perdimos la palabra. Y lo peor es que los fragmentos se siguen descomponiendo y quedan cada vez menos cosas que guarden relación entre sí. Si no encontramos la pala­bra que reúna todo con todo, un día el mundo se pu1verizara por completo. Por eso viajamos y la buscamos.

Artemio Rulán camina por la ciudad y escribe mientras camina. Stillman lo hizo a través de Auster. Y Galip, siguiendo la tradición sufí, trata de encontrar palabras en los diferentes rostros de Estambul mientras busca a Rüya en la narración de Pamuk.

Yuval Noah Harari dice en Nexus:

Finalmente esto condujo a los rabinos a creer que el universo era una esfera de información: un ámbito compuesto de palabras que funcionaba según el código alfabético de las letras hebreas. Sostenían además que este universo de información se había creado para que los judíos pudieran leer textos y discutir sobre su interpretación, y que, si en algún momento los judíos dejaran de leer dichos textos y de debatir sobre ellos, el universo dejaría de existir. En la vida cotidiana, esta postura implicaba que, para los rabinos, con frecuencia las palabras de los textos tenían más importancia que la realidad del mundo. O, para ser más precisos, que las palabras que aparecían en los textos sagrados se convertían en la más importante de las realidades acerca del mundo y moldeaban la vida de individuos y de comunidades enteras.

Parte de la tradición cristiana y de nuestra herencia cultural viene de esto. El verbo haciéndose carne o Francesco abriendo un libro tres veces para encontrar respuestas. O buscar el sentido, o perderlo, a través de un texto o de la letra de una canción. Así, los objetos que nos rodean, vienen compuestos no solamente de átomos sino de vocales, consonantes y sonidos que les designan.


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