Todo se limita al espacio provisional
que generan ciertos objetos cuando están a punto de desaparecer.
Cómo crepita la sombra que abandonan.
El tacto que se borra en segundos.
El trasunto erróneo y su representación estéril con un olor a hojas y a tiempo.
Inasibles. La debilidad, si no como adjetivo, más bien como un relato cronificado e inherente a la consciencia de los útiles acerados. Débiles y exhaustos. Ese instante preciso en que la materia, su contexto y el afecto que les envuelve jadean con un cansancio contumaz. Y se van. Agotados.
Desde lejos toda la escena se difumina en una luz septentrional, intersección precisa de lo efímero y eterno.
No se trata, sólo, de la fatiga de las sombras ni de los cuerpos.
Se trata ahora, sólo, de la Belleza que invade el mundo y sus representaciones.
La Belleza inmanente al cansancio de los objetos.
En fin,
los diferentes perfiles del mundo el día en que te fuiste.
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