20 jul 2018


Levantarse pronto es una forma de observar las sombras del mundo, antes que sus habitantes se muevan.
De noche hemos perdido las palabras.
Acometemos el sueño con el miedo de que al despertar las habremos olvidado todas.
El insomnio es un asidero del alma para no caer en esa sombra torpe de olvido, por otra parte tan deseado.
Vestigio de infancia. Porque doctora, si pudiera resumir lo que realmente quiero ahora sería simplemente volver al barrio y volver a mirar ciertas ventanas. Fumar despacio y mirar ciertas ventanas. Pero usted no me entiende. Mira y anota y piensa que esto es todo delirio o demencia porque mis palabras no salen ni se ajustan a las casillas que usted tiene en esa pantalla.
Antes del amanecer el mundo cruje con un rumor de una belleza insostenible.
Pero ahí llega el miedo de no saber si tengo palabras. Puedo escribir y pulsar mis dedos contra la garganta preguntándome si habrá palabras aquí dentro. Dentro de mí las imágenes y los textos se mueven confusos como sueños constantes.
Hay una melancolía uniforme entre mi cuerpo y los objetos de la casa. Bajo esta hora, articulaciones, miedos y enseres, mi saliva y los techos están todos hechos de la misma sustancia.
Nos asomamos al dintel de las puertas, miramos ese mundo terrible y bello que espera la luz,
garante y heredero de este nuestro pecho
que
tras la luz
espera humilde que vengan luego los verbos.


Artemio Rulán. La enfermedad de Artemio Rulán. El libro blanco

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