30 dic 2015

Journey


Cuando éramos niños nunca pensamos que podríamos jugar con algo así.
Lugares de los que uno nunca quiere marcharse aunque estén en una pantalla. O por eso mismo.
Aquí la banda sonora íntegra.


20 dic 2015

#20D Hoy empieza todo

Tú miras todo desde una perspectiva única, desde un lugar privilegiado. No es una atalaya ni mejor ni peor que las otras, pero es la tuya. Y el paso de las lluvias, esa sincrónica mordaza de las estaciones, acabará consiguiendo una especie de vínculo amable entre tu atalaya y las condiciones que desarrollas desde ahí.

Las tareas son varias y se van ejercitando de diversas formas con el tiempo. De perder horas de sueño, de habilitar tu futuro, los nombres, los escenarios que consideras alrededor, a jugar doblando las noches y concibiendo formas imposibles. Habitar verbos, poblar ciudades y enumerar estados de ánimo. Puedes viajar, tomar café, soldar los libros o encender cigarros, ser tierno con los tiernos y conquistar cínifes los días pares, ser incapaz de atarte los cordones o dudar en las vías del tren, puedes acabar suicidándote en el postpandrio para luego ufano resucitar al atardecer. Vas siendo un artífice, espía de tu propia respiración, un detective sin nómina, vago aprendiz, salvaje o domesticado, pero cazador de belleza. 

Te vas convirtiendo en un artista. Ni mejor ni peor. Pero un artista que durará veinte, treinta, ochenta años. O minutos. Sólo una mariposa amarilla. No importa, aquí y ahora las comparaciones son banales o simples faltas de respeto a la eternidad.

En esa perspectiva que tiene su tiempo y toma tu tiempo inviertes la luz de tu energía. Así meces la metáfora de lo que puede ser tu vida e incluso reconsideras desde esa perspectiva algo que podría llamarse sentido, tarea o razón de ser. Una ventana de una fábrica desde donde construir algo parecido a un mundo mejor. Algunas expresiones ya están cansadas pero bien podría expresarse así, y así lo expresamos aquí y ahora: un mundo mejor. 

Tratas de ensamblar piezas de un puzzle y de articular horas que van pasando, afanado en múltiples tareas desde esa perspectiva de tu atalaya. Con el tiempo descubres tareas inútiles, algunas plausibles, pocas imprescindibles. Vas aprehendiendo unos pocos nombres, algunos libros, poquitas calles, dos o tres recuerdos, la forma de caminar y de levantar la cabeza al cielo, te quedas con los dedos para acariciar a los gorriones y a los charcos, los ojos de otoño para besar a los niños, la miopía para conquistar la tierra bajo sus pies, la Palabra y las Plazas.

La atalaya es sabia: en otras ocasiones consideras que has sido sólo una rueda más del engranaje y que tu exilio es inevitable y que la historia no es nueva ni será la última y que incluso ahora mismo se está repitiendo. Y piensas que a veces se dicen cosas y otras veces se callan y que el mundo está lleno de gelipollas de pompa sin surtomas supinos, y que si nos seguimos callando anegarán la especie. Por eso a veces, aunque se está tan bien en la atalaya, y aunque uno puede dormir tranquilo y disfrutar del vino y apurar la mar y encender cigarros sin culpa, a veces merece la pena levantar el dedo y ponerse de pie y decir no, ahora no, ahora no. Este es nuestro tiempo.

10 dic 2015

La estirpe

Tu abuelo los llama gelipollas. No sabemos si por dislexia tardía o porque no han llegado a merecerse el calificativo de gilipollas. Son airrebundos de pompa y afrásicos de abondo. Su cohorte ocupa una manifiesta epidemia, endemia o pandemia: Según estaciones, países o ciudades. A veces comprenden brotes aislados de fácil control. En difíciles ocasiones la transmisión afectará alguna faceta de tu vida y tú, pese a las instrucciones prescritas, asumirás sus rasgos y síntomas. Mal asunto pero previsible si nos entendemos realistas. Son emprendores y manifiestos. Desgraciadamente suelen dar la cara. Tratan de joder de día y arrechinar de noche. Empeñeran en solventar malas ideas y refinadas y malditas actitudes. Coquetean, asumen, fingen, pululan, sorben, copian y emulan. Ensañan muecas de espanto y virtudes de asueto que refullan de mañana, aloman de tarde y despuljan de noche. Perturban telediarios y páginas completas de los diarios. Pueden trabajar de todo. Ocupan cargos, andamios o consultorios. Escriben libros. Componen música. También compran libros y compran música. Porque los gelipollas dan de comer a otros gelipollas en un círculo imperecedero y arcaico que se remonta a la mañana de los tiempos. Asumen y postulan la conturbancia de cohortes de gelipollas (de gelipollas tanto o más que ellos) y que les siguen prosaicos y distibulados, asumiendo su petulancia de discípulos cuando podrían ser más gelipollas que el gelipollas magno padre o la gelipollas harta madre. Montan academias para fomentar la retronancia de otros gelipollas y hacer del tema una ortáxica fundación o una contumaz disonancia que acabará modificando su más simple y elemental cadencia genética. Viajan en autobús, en AVE o en taxi. O toman trenes o puentes aéreos. Mascan chicle o fuman refruantenemente. Les encanta ponerse apellidos y jugar a los títulos. Crían y veneran gelipollas en la oscuridad que algún día verán la luz, y arreciaran la clandestinidad de su estirpe. Si te contagia algún día el paradigma posa despacito tus codos sobre la mesa y respira hondo dos o tres veces seguidas. Se te pasará. Si el paradigma se te posa enfrente y te encuentras con un verdadero o verdadera gelipollas sigue el consejo. MíraleE despacito a los ojos, al centro de los ojos. Y cuando lo tengas bien mirado, sólo cuando lo tengas bien mirado, masca un insulto entre molares y sóplale despacito entre las cejas. El gelipollas prosaico se romperá en dos como el cristal

Noche primera


José Ángel Valente. A modo de esperanza


Empuja el corazón,
quiébralo, ciégalo,
hasta que nazca en él
el poderoso vacío
de lo que nunca podrás nombrar.

Sé, al menos,
su inminencia
y quebrantado hueso
de su proximidad.

Que se haga noche. (Piedra,
nocturna piedra sola)

Alza entonces la súplica:
que la palabra sea sólo verdad


7 dic 2015

Words II


.

The tongue
            is the spine´s first leaf
forests of language surround it

Like a mole
            the tongue
burrows through the earth of speech

Like a bird
           the tongue
flies in arcs of the written word

The tongue is tethered and alone in its mouth



John Berger


4 dic 2015

Azar

El billete estaba en el suelo cerca de mi pie derecho
Para ver bien el número tenía que agacharme un poco
Al lado del billete había un charco oscuro Era mi océano
La superficie era lisa y perfecta Brillaba Como pizarra
Sabía que no era un mar pero la forma en que el agua rompía en las orillas no me dejaba pensar en otra cosa Era mi océano
Me agaché para tocar la superficie
Medí mal Pensé que con doblarme un poco sería suficiente pero tuve que inclinarme más Parecía más cercano y mi brazo no alcanzaba
Casi de rodillas meti mis dedos en el agua
La superficie era más oscura vista de cerca
Miré el número del billete Sabía que no iba a poder recogerlo y me forcé a memorizar los números
El agua estaba tibia
No me atreví a llevar toda mi mano dentro Tenía miedo que desapareciera
No me atrevía a sacar mis dedos fuera Tenía miedo que quedaran tiznados de sombra para siempre
Me dispuse a esperar

2 dic 2015

Breve informe médico


Guardo los gorriones en libretas.
Al más hermoso de todos lo tengo en una libreta radiante. En una de sus páginas está anotada la lista de una compra: jeringuillas, intramusculares, subcutáneas, gasas, betadine, colonia, un pañuelo, flores, una libreta, lápices, pañuelos, más pañuelos, tila, un ladrón, pañales, un libro y una película.
La letra no tiembla en esa libreta. Podría ser la misma letra con la que hacía esquemas en la clase o con la que dibujaba poemas en otoño. La misma letra larga con la que nos devolvíamos las cartas en verano.
La libreta guarda más gorriones: una mañana de julio y todos los objetos que tenía la mesa cuando eran las 10:00 AM, el perfil del mundo el día que te fuiste, los acontecimientos más tristes de los últimos diez años y los más ridículos desde el día en que nací, las mentiras que ensayamos para despedirnos hace veinte años y un dibujo torpe de aquel árbol que tanto nos gustaba y talaron.
En la hoja de la izda está la lista de la compra. En la derecha, sin temblar el pulso, con la misma letra, la dosis correcta de haloperidol, metamizol, dexametasona o dormicum.
Te fuiste tres páginas más allá. En la siguiente hay un esquema ridículo de hitos y acontecimientos vitales. En la siguiente un listado de palabras clave tomadas aleatoriamente de varios poemas. En la siguiente un texto de tu película favorita. En la siguiente un papel doblado, una hoja rayada, con letra en tres líneas que aparenta un haiku vanguardista:

Exitus por I.R 22,40h
Carcinoma de o. desconocido
con mtx óseas

26 nov 2015

"Días alciónicos, solsticio de mi vida..."
Memorias de Adriano. Marguerite Yourcenar.


Nací en los lindes de la compasión de los dioses. En esos días de principios de invierno que se reservan para guardar a los más débiles.
Alcyone era la hija de Eolo, domador y dueño de los vientos, y de Enárete. Ceix era el hijo de Eósforo y rey de Traquis. Alcyone y Ceix eran felices, se amaban. Quizás en aquel tiempo no se había inventado aún la palabra amar. Quizás no fuera un único verbo, una sola palabra o quizás no la tuvieran para designar lo que ahora domesticamos en letras. Pero Alcyone y Ceix, padres de Hípaso e Hilas, se amaban.
En ese ensimismamiento de su felicidad obviaron lo cotidiano y decidieron darse nombre de dioses. Ella le llamaba Zeus y él la llamaba Hera.
Como ocurre en todas las religiones los dioses odian la felicidad ajena y más odian aún que ésta aproveche para tomar su nombre en vano. Por ello, lejos de amables precipitarse desde los cielos y suicidarse en carne mortal, decidieron castigarles: el barco en el que Ceix navegaba naufragó; Alcyone al enterarse de su fallecimiento se arrojó al mar.
La venganza no fue total ni completa y en algún momento, quién sabe, la mano extendida de Alcyone en el agua, un trazo de luz, un recuerdo de infancia que hasta tienen los más lejanos, en algún momento, quién sabe, los dioses se conmovieron. Compadecidos devolvieron la vida de Alcyone y de Ceix en forma de alciones, en  forma de martines pescadores.
Dicen que los alciones ponen sus huevos alrededor del solsticio de invierno. El mal tiempo y los vientos gélidos de esos días dificultaban que los nidos y los huevos prosperaran y que las crías de Alcyone y Ceix pudieran sobrevivir. Eolo solicitó una tregua para sus nietos: sólo siete días antes del solsticio, sólo siete días después del solsticio.
Los días alciónicos. Un tiempo de compasión y perdón de los dioses para que la naturaleza fuera clemente con los alciones. Días de calma y de gloria, sin viento, de sol de invierno para curar lo pequeño y frágil. Días de tiempo detenido y de reconciliación con la belleza.
Nací en los lindes de la compasión de los dioses. En esos días de principios de invierno que se reservan para guardar a los más débiles.


Artemio Rulán. Los nacimientos.

Volviendo


Calexico

"Cuando yo era niño mi madre me llevaba a ver los trenes, que fueron desapareciendo más allá al norte de La Mariquita y al este de la Sierra de los Ajos. Yo soñaba con que algún día me gustaría dejar mi casa, viajar a todo el mundo, y a ver la vida desde las alturas de las nubes como el águila ve el mundo a continuidad. Cuanto más rápido corría, más he visto y he visto más, menos me di cuenta de la diferencia entre personas y lugares. Todavía hay amor, aún hay miedo, todavía hay guerra, y a través de todo esto no hay que perder la esperanza, que es lo que me hace regresar a ese lugar donde comencé mi viaje. Síntomas Alivio Brujo Curandero Alma del alma Duende del duende Pajaritos, derrumbes y jicuri Niños de la tierra Piedra Río Sierra Cerro y montaña Estas cosas son reales para mi Ellos me hablan y yo escucho"

16 nov 2015

El cuerpo de Artemio Rulán


"Habíase despertado en mí la curiosidad por esas regiones intermedias donde el alma y la carne se confunden, donde el sueño responde a la realidad y a veces se le adelanta, donde vida y muerte intercambian sus atributos y sus máscaras. (...)
¿Será el alma la culminación suprema del cuerpo, frágil manifestación del dolor y el placer de existir?¿O bien, por el contrario, es más antigua que ese cuerpo modelado a su imagen y que le sirve bien o mal de instrumento momentáneo?¿Es válido imaginarla en el interior de la carne, establecer entre ambas esa estrecha unión, esa combustión que llamamos vida?"

Marguerite Yourcenar. Memorias de Adriano.


"How many lives do we live? How many times do we die? They say we all lose 21 grams... at the exact moment of our death. Everyone. And how much fits into 21 grams? How much is lost? When do we lose 21 grams? How much goes with them? How much is gained? How much is gained? Twenty-one grams. The weight of a stack of five nickels. The weight of a hummingbird. A chocolate bar. How much did 21 grams weigh?"

21 grams


"¿Acaso se van?
¿Y a dónde van?"


Silvio Rodríguez



Nunca he tenido mayor aprecio por mi cuerpo. Acaso sólo una pequeña estima en una adolescencia remota: contemplando como un pájaro airado aquellas alas que me crecían en el alma y que no concordaban con el resto.
Los mayores asombros de él vinieron gracias a otros cuerpos que fueron señalando, con los años, tímida o arriesgadamente, mi geografía. Descubrí así mis manos. Los dedos para batir el aire. Un trozo roto en el cuello. Un abismo en la clavícula. La tristeza en los muslos. La vehemencia en las sienes. La torpeza en la nuca. Los vacíos y los flancos.
Pero nunca he tenido aprecio ni cuidado por mi cuerpo. He dado por hecho su presencia y ha sido compañero y contemporáneo que supuse siempre atento. Ahora que se remonta y marcha solo, estimo con nostalgia cómo podría haber sido más amable con él. Añoro que, habiendo sido de otra forma, hubiéramos llegado a un entendimiento mejor y quizás, esto de ahora, entendible por la trayectoria - todas las palabras aquí dentro siempre, refiero, y la incapacidad de decirlas nunca- quizás esto ahora, pienso, lo hubiéramos postergado juntos y hubiésemos cumplido una vejez más tardía y amable.
El proceso que ahora empieza supone un tímido reencuentro entre el cuerpo y el resto, aún a sabiendas que quizás sean lo mismo. Dos amigos de la infancia que ya no se reconocen, que han envejecido y hasta se han negado el saludo, que han pasado tiempo volando lejos de la calle y el barrio, pero que, con todo, se reconocen perfectamente y vuelven a la misma conversación que aplazaron varios millones de horas atrás.
Le pregunto dónde guarda lo que más pesa. Cómo, adelgazándose, es posible que guarde tanto de lo que pesa. Cómo y en qué esquina dobla lo que no tiene peso. El porqué de todo esto que argumento- y tiene menos peso que las palabras que lo nombran - se recoge en un trozo de él. Y dónde lo guarda. Me sorprende, y así le interrogo, que esta piel seca haya mecido tantas palabras y pensamientos; que si los pensamientos que no se dicen mueren o caducan y que dónde se lleva los muertos. Le pregunto por la afonía (ya sabés). Que si en la despedida que ahora acometemos se va primero él o yo. O si me dirá al irse sencillo y simple un "ya no te espero" y me dejará quedarme a jugar y a morir siempre en Tepanahuori.


Artemio Rulán.


6 nov 2015



Ladrón de bicicletas. Vittorio de Sica. 1948

4 nov 2015

Madre (I)

"No sabía que uno puede vivir en un país con lluvia y no haber visto nunca llover

I dreamt about an old man 
Sat and watched the rain all night 
He couldn't sleep a wink as all the drops fell 
 He told me of the beauty 
Hidden in our foreheads 
He told me of the ugliness 
We show instead 
And when we put a foot wrong do we learn 
From all the pain 
A midnight summer dream as he watched the rain

The Stranglers



Nací
en
un lugar
donde
siempre
llueve
Nuestra
educación viene
de
la
lluvia
y
no
de
los
libros

El cielo sólo está a cuatro palmos de los cables
Eso
hace
que
nuestras
cabezas
vayan
siempre
levemente agachadas
y                                que ladeemos la cabeza al hablar

No
no
conocemos
el significado
de
la
palabra
horizonte
Sólo
hay
una incertidumbre
donde
el monte
trataba de
ganar
le
gris
al cielo

Vivimos
constan
te
men
te
empapados

Soñá
bamos
jugá
bamos
bajo la
lluvia

De niño
mi casa
era
húmeda
Sólo había una pared caliente. Aquella de la cocina donde estaba la cocina de carbón. En el cuarto nos pegábamos a ella por la noche antes de meternos en la cama.

En
el
resto las
paredes
rezumaban
Madre
cerraba el
pasillo
en invierno
Casa tomada
y
sólo se
inau
gu
ra
ba
a mediados
de primavera
Ahí entonces volvíamos, saltando charcos, a los cuartos clausurados, a rescatar enseres que habíamos olvidado y que ahora estaban mohosos y habían perdido tiempo.

Puntuamos mál
porqu
e
confundimos
letras
por gotas
lágrimas
por tildes

Nací
en
un lugar
donde
siempre
llueve
Nuestra
educación viene
de
la
lluvia
y
no
de
los
libros

vayam
os
donde
vayam
os
No dejamo
s
de
llover
nunca
nunca
nunca
n
u
n
c
a






Artemio Rulán. Game Over

3 nov 2015

José Angel Valente. La memoria y los signos (1960-1965)


31 oct 2015

Las posibilidades de los objetos

"Recuerdo en una ocasión, debía de tener unos cuatro años, antes de empezar a ir a la escuela, que mi madre me llevo a unas clases privadas para que me fueran enseñando un poco los rudimentos de los números, la escritura...Y eran unas clases que daba una mujer en su propio piso, en una cocina. El día que llegué allí a las clases, los niños ya habían comenzado y teníamos, había una pequeña mesa donde ya estaba copado todo, todos los asientos todos los sitios. Como no había un lugar para mí a la mujer lo único que se le ocurrió fue habilitarme con una pequeña banqueta, un pupitre, y para ello me puso la banqueta delante del horno de la cocina; abrió el horno de la cocina y ese se convirtió en mi primer escritorio escribiendo sobre el propio horno y ante aquel recuadro negro. Ahí yo creo que fue el primer momento que tuve conciencia de las posibilidades que ofrecían los objetos..."

Chema Madoz, regar lo escondido. RTVE








22 oct 2015



Hércules nace de la unión de Júpiter, padre de todos los dioses, con Alcmena. El fruto de la unión de un dios con una mortal es un niño que nunca podrá alcanzar la inmortalidad de los dioses. Por ello, Júpiter trató que el niño amamantara a Juno mientras esta dormía. La diosa lo notó y sobresaltada, al despertarse, salpicó el firmamento con algunas gotas de su leche. De aquellas gotas nacieron las estrellas.

Según cuenta Cristo Gaius Julius Hygienus, bibliotecario del emperador Augusto, y como así se recoge en el libro Los secretos de las obras de arte de Rose-Marie y Rainer Hagen.

La pintura es de Tintoretto en 1580 y se llama "El origen de la Vía láctea"



18 oct 2015

La noche siria


"Jamás, desde las noches de mi infancia en que el brazo alzado de Marulino me mostraba las constelaciones, me abandonó la curiosidad por las cosas del cielo. Durante las vigilias forzadas de los campamentos contemplaba la luna corriendo a través de las nubes de los cielos bárbaros; más tarde, en las claras noches áticas, escuché al astrónomo Terón de Rodas explicar su sistema del mundo; tendido en el puente de un navío, en pleno mar Egeo, vi oscilar lentamente el mástil, desplazándose entre las estrellas, yendo del ojo enrojecido de Toro al llanto de las Pléyades, de Pegaso al Cisne; contesté lo mejor posible a las preguntas ingenuas y graves del joven que contemplaba conmigo ese mismo cielo. Aquí, en la Villa, hice levantar un observatorio al que la enfermedad ya no me deja subir. Pero hice aun más, una vez en la vida: ofrecí a las constelaciones el sacrificio de toda una noche. Fue después de mi visita a Osroes, durante la travesía del desierto sirio. Tendido de espaldas, bien abiertos los ojos, abandonando durante algunas horas todo cuidado humano, me entregué desde la noche hasta el alba a ese mundo de llama y de cristal. Fue el más hermoso de mis viajes. El gran astro de la constelación de la Lira, estrella polar de los hombres que vivirán dentro de algunas decenas de millares de años, resplandecía sobre mi cabeza. Los Gemelos brillaban débilmente en los últimos resplandores del crepúsculo; la Serpiente precedía al Sagitario; el Águila ascendía al cenit, abiertas las alas, y bajo ella ardía esa constelación aún no designada por los astrónomos y a la cual habría que dar un día el más querido de los nombres. La noche, jamás tan completa como lo creen aquellos que viven y duermen encerrados en sus habitaciones, se volvió más oscura y luego más clara. Las hogueras destinadas a alejar a los chacales se fueron apagando; aquellos montones de carbones ardientes me recordaron a mi abuelo erguido en su viña sus profecías convertidas ya en presente y que bien pronto serían pasado. En mi vida busqué unirme a lo divino bajo muchas formas; conocí más de un éxtasis; los hay atroces, y los hay de una conmovedora dulzura. El éxtasis de la noche siria fue extrañamente lúcido. Inscribió en mí los movimientos celestes con una precisión que jamás me habría permitido alcanzar ninguna observación parcial. En el momento en que te escribo, sé exactamente qué estrellas pasan en Tíbur sobre este techo ornado de estucos y pinturas preciosas, y cuáles están suspendidas, en otras tierras, sobre una tumba. Algunos años después, la muerte había de convertirse en objeto de mi contemplación constante, pensamiento al cual dedicaría todas las fuerzas de mi espíritu que no estuvieran absorbidas por el Estado. Y quien dice muerte dice también el mundo misterioso al cual acaso ingresamos por ella. Después de tantas reflexiones y de tantas experiencias quizá condenables, sigo ignorando lo que sucede detrás de esa negra colgadura. Pero la noche siria representa mi parte consciente de inmortalidad"

Memorias de Adriano. Marguerite Yourcenar.
Traducción de Julio Cortázar

[¿Crees que Dios existe?]

9 oct 2015

La memoria de Artemio Rulán (II)

Hemos vuelto a la Casa. El viaje que inicialmente estaba previsto para un fin de semana se ha alargado en varias semanas. Aplazamos otros asuntos y fuimos capaces de demorar en nuestras rutinas mezquinas lo aparentemente importante para conciliarnos en lo trivial. El tiempo ha sido tan irregular como nuestro estado de ánimo pero hemos asumido proverbial y necesaria esa fluctuación del sentimiento; como la luna o las mareas así nuestro corazón va y viene de un lado para otro.

Leímos libros en voz alta con el empeño de hacerlo de forma pausada y detenida. Enlenteciendo al máximo las oraciones y cerrando los ojos para entrar de lleno en el espíritu de las palabras. Sin prisa acariciábamos las hojas y percibíamos como rompe el sonido: esta voz que suena tan extraña al oírse, contra la madera de los suelos. En las mañanas revisábamos estos años pasados. Los otros océanos y países. El insomnio a nuestros años es débito de vida vivida y a partir de las cinco ya es imposible conciliar el sueño y evitar no estar atento a los ruidos del mundo de dentro y a los ruidos del mundo de fuera. Esa habilidad de insomne la aprovechamos para llamar al otro Sueño y dejar que pasaran por él, uno a uno, los acontecimientos vividos en todo este tiempo. Vuelven a la Casa entonces las personas que ya vivieron aquí. Podrían aparecerse perfectamente como si el tiempo fuera un truco tan futil y banal, tan imperceptible como la acumulación de polvo de los desvanes. Parece que fue ayer que estaba en esta misma cama peleándome con un cuerpo de adolescente que comenzaba a no recibir como mío. Parece que fue hace mil siglos cuando llegamos aquí, aunque fue sólo hace unas semanas, y contaba los árboles que habían crecido en los caminos.

Paseamos tranquilos sin palabras y sin interponernos débitos. Sabemos lo que hemos traído y nos endurece el gesto pensar que hemos de irnos, pero, cómo con los estados de ánimo asumimos que el cielo ahora preñado mañana estará lleno de luz. No tenemos miedo. Quizás una suave indiferencia que es lo más parecido que hemos tenido a la felicidad. Nos conmueven las ramas desnudándose. No sabemos cuántos años cumplirán ese ciclo. No hay mayor pureza que la de esa rama preparándose así desnuda para recibir el invierno. Si acaso la del agua casta que besa su vientre y cumplirá otro milagro en primavera. Somos provisionales. Nos sonreímos al saber que hay más de aquellos chiquillos que corrieron estas caleyas que de los adultos maduros que fingieron serlo más tarde.

En la tarde, aprovechando la caída del sol, subimos al monte. Guardamos las palabras y los nombres de los ausentes. Soy un hombre viejo ya. Pasados mis setenta años algunos gestos externos que fingen debilidad - esta cojera, la dificultad de expresarme, las lágrimas unilaterales- son sólo excusa para no tener que ser interpelado ni comunicarme más de lo que acierto con buen tiento. Subimos a los montes con nuestros ausentes. La memoria, el tiempo o el sentimiento hace que ya confundamos los nombres de los que se han ido y de los que se han quedado. Nuestra madre sigue tomando la mano para sortear ese regato lleno de barro. Y esa mano es tan real como la del agua clara y el trecho verde en sus orillas. Bajamos con luna y hablando solos.

En Hoboken alguien recitaba poemas poniendo sólo una tras otra las palabras que había vivido en un día. El poema era infinito y bellísimo. Las combinaciones posibles confirman el Misterio que nunca podremos desvelar.

Duelen los pies y la pierna. Fumamos en la galería cuando las estrellas salen y cae la sangre por todas las vísceras pidiendo descanso. Recordamos que una vez se escribió una historia desde este mismo lugar. La de aquel barrendero callado que barría las calles en silencio. Su mayor placer era ese afán de cumplir su trabajo sin méritos y luego sentarse de noche en esta silla. Quitarse miope las gafas y mirar el valle. Las luces de los pueblos lejanos, las carreteras salvajes y los luceros nómadas eran como un inmenso barco flotando en la oscuridad. Manchas que asimilaban una nave. Un barco llegando de ningún sitio y marchándose a ningún otro. Así nosotros.

7 oct 2015

"Lo más sublime no puede existir sin misterio" Ruskin


Paz, funerales en el mar. Joseph Mallord William Turner.

6 oct 2015

Conformo la debilidad y el barro
el hastío del verbo indomable
el otoño como tiento
y la paciencia que ejerce
inflamada y azul
el tránsito donde habitan espejos

En la mañana recojo un cardumen de sueño
los aprieto contra ti que duermes de sombra
habito mi mejilla de siempres
e invento de asombro tu mañana

1 oct 2015

la Torre Blanca





Pablo Auladell explica así parte del libro y del proceso de elaboración en las páginas finales:

"Si fuera posible, yo creo que lo que más desearía es encerrarme en una habitación y dibujar este tebeo una y otra vez, obsesivamente, hasta encontrar su misterio, su secreto, pues me parece que todavía hoy no he conseguido aprehenderlo. No sabría explicar el por qué de esta obsesión ni de esa apasionada disposición para tal derroche de energía, pero tampoco me importa demasiado. Lo que sí se me hace cada vez más evidente es lo que el arte tiene de taumaturgia, de conjuro. La historieta, quizá la forma de expresarme que más amo, me da en este caso el poder para capturar la luz y el asombro de los veranos de la niñez y, así evitar que suceda lo que sentenció Kundera: que aquello que ha ocurrido sólo una vez, es como si no hubiera ocurrido nunca".

La Torre Blanca es una historia de luz y una vuelta, obsesivamente bella como explica el autor, a la infancia. La Torre Blanca es un bloque de apartamentos a la orilla de un mar lejano. Un espacio de búsqueda poética, recurrente, a la infancia y a la vida. El libro es una exquisita combinación de texto, luz y dibujo para devolvernos espejos de lo que fuimos y nos construye, de lo que nunca hemos dejado de ser, de los lugares de los que nunca nos hemos ido o de esos lugares en los que recuperamos ese asombro. Quizás, como decía Eco, para eso se escribe o se crea, para atrapar esos momentos de la infancia y llenarnos de breve felicidad al capturar de nuevo ese recuerdo.
La Torre Blanca / La Tour Blanche De Ponent. Onil 2005 / Actes Sud-l'AN2 2010
Premio Autor Revelación en el Saló del Cómic de Barcelona 2006. Nominaciones a Mejor Dibujo y a Mejor Obra española del año


30 sept 2015

Luchadoras




Luchadoras es un doloroso ejercicio para volver la vista a Ciudad Juárez y a los feminicidios que se vienen realizando al menos desde el 2012.
Un número estimado de 700 mujeres asesinadas desde entonces y con un conflicto aún sin resolver.
Peggy Adam refleja a través del comic los diferentes tipos de violencia machista y nos lleva de nuevo al 2007 a aquella lectura tan dura de la parte de los crímenes del 2666 de Bolaño. Lo que nunca debemos olvidar.
Luchadoras es una obra de Peggy Adam y está publicado por ediciones sins entido en el año 2007. La traducción es de Lucía Bermúdez.



1 sept 2015

La memoria de Artemio Rulán (I)


Ha tenido que venir a quedarse a dormir a casa. Más desorientado y torpe que nunca el viejo. Los críos le cuidan y le alimentan como si fuera un pajarito herido. Como un herido pajarito duerme. Las muñecas y los tobillos muy doblados y el cuello hiperextendido. Como si de un momento a otro tuviera que ponerse a volar.
Se apoya despacio en el cristal de la ventana  de la cocina y N. le cuenta historias.  El patio es otro pero lo mira igual que miró los de las casas anteriores. Ese vértigo de luz en las córneas. Le vestimos despacio. Pide las cosas en silencio y cuando las tiene entre las manos se empeña en el tacto. Como si a fuerza de acariciar el mundo fueran los dedos los que le devolvieran el nombre a los objetos. Toca así despacio, sin miedo. Entendemos que sin recuerdo ni memoria quizás se tenga vértigo o cojera pero nunca ya miedo jamás.

Los gorriones de Artemio Rulán [fragmento]



"No, no conozco ese nombre. ¿Rulán dice? No me suena de nada, aunque eso no es muy importante, mi memoria me abandonó hace tiempo y sólo recuerdo cosas al azar, me he tenido que ir acostumbrando a esta erosión sin fin, a esta pérdida constante de imágenes, costumbres y abrazos, y ya ve, ahora me parece que lo imprescindible ya no es tan necesario. Pero si, como usted dice, ha frecuentado este barrio tan a menudo, es raro que no nos hayamos encontrado en alguna historia, porque en este lugar las historias suceden, como en cualquier otro lugar, sí, pero aquí además se cuentan, y se cuentan como si en ello fuera la vida, porque algunos incluso se dejaron morir en circunstancias extrañas sólo para agrandar su recuerdo y por lo tanto su historia y hubo incluso quien se creó una historia a medida, con moraleja y todo, algo muy mal visto por aquí, y queriendo permanecer, ahora no habitan ni vida, ni memoria alguna. Así que si usted me dice que él es muy dado a contar historias y sobre todo a habitarlas, pues sí, este sería un buen lugar para su búsqueda, poco más puedo decirle. Quizás nos visitara como turista o mercader, vestido con otro nombre, caminando sin rozar la vida o al menos la vida que vemos los demás, extraviado en lo que hace ajeno lo cotidiano. Quién sabe. No obstante, eso que le han contado, eso de que venía al café muy de mañana para no olvidarse de no se qué y que se sentaba junto al ventanal a contemplar la nada, hombre, supongo que es una forma de hablar, porque yo también me quedo a veces viendo cómo pasa la gente a través de la ventana, como León Felipe, y eso es como mirar la nada o como verlo todo, según cada uno, y cuando me ocurre, que es muy a menudo, y estoy con alguien, suelo excusarme diciendo que me he despistado un poco o que me he quedado tonto, o las dos cosas a la vez, aunque si usted prefiere denominarlo así, bien está, no seré yo quien le contradiga, no en eso, para qué. 

   Noto que me mira con cierta complicidad, con una sonrisa sospechosa. Tal vez crea que se está acercando, que ese al que busca puede ser cualquiera de los que visitan este local, que puede incluso que durante este rato, mientras tomaba su café y escuchaba mis cansadas palabras, ese tal Artemio ha podido acercarse a la barra para poblar los ceniceros de melancolía y dejar un hueco por lo que pueda llegar aún, que es lo que hacemos todos en este bar. O a lo mejor piensa que soy yo mismo y no tiene claro si eso es lo que desea, aún hay gente queriendo encontrar lo que busca, de todo tiene que haber, pero, aunque así fuese, no se deje convencer por la realidad, además no hay nada que pueda decirle sobre gorriones, yo de pájaros no tengo ni idea, claro que puede que lo haya olvidado"


José G. Ojinaga en Los gorriones de Artemio Rulán

11 jul 2015

Aniversario (Zoila)


El pasillo sigue lleno de azaleas y nomeolvides.  La Milagrosa disparando rayos a lo Spiderman en el calendario.
El tiempo nublado no nos importa. Sabemos, lo aprendimos en esta cocina, que aunque no lo veamos debajo el azul es una locura.
Este verano hemos vuelto a Maycomb. Scott ha crecido. Nosotros también.
El mar sigue inmortal y sigue curando.
Hemos puesto una flor y un beso para ti en el mercado donde te dejamos con Eliza Doolittle.  Fue una tarde muy hermosa, pero el tiempo se puso triste cuando me di cuenta que nunca te llevamos allí.
Cantan los pájaros a todas horas. Se nos llena de gorriones el patio. El otro día tuvimos uno en el salón. Se asustó tanto como nosotros. Casi dejamos la casa para no molestarlo. De cerca son muy pequeños y extremadamente frágiles. Cojeaba. Los amigos le esperaban fuera inquietos. Al final salió. Voló.
Se te echa de menos. Aunque estás más presente que nunca. Ahora los teléfonos se obstinan en recordar las fechas que nunca cuidé. Tu nieta se parece mucho a ti. Me hubiera gustado mucho que hubieras conocido al segundo.  Tiene el carácter fuerte pero la piel muy suave. Los dos se hacen preguntas. Él dice que quién le trae el regalo al Ratoncito Pérez. Ella que quién creo a Dios. Todos nos preguntamos cómo andarás.
Sigo intentando dejar de fumar casi todos los días. Apenas leo y he apartado la poesía. Pero sigo tratando de mirar el mundo con calma y asombro.
Nos manejamos con belleza en este mundo que sabíamos iba a ser complejo. Y pese a la complejidad seguimos hacia delante.
Me he dejado la barba muy larga.  Tu hija dice que he envejecido varios cientos de años. Tengo un hueco en ella para guardar gorriones. De ahí sí que no se escapan nunca.

21 jun 2015

A mi madre




Extraído de la página Poesía Árabe


Añoro el pan de mi madre,
El café de mi madre,
Las caricias de mi madre...
Día a día,
La infancia crece en mí
Y deseo vivir porque
Si muero, sentiré
Vergüenza de las lágrimas de mi madre.
 
Si algún día regreso, tórname en
Adorno de tus pestañas,
Cubre mis huesos con hierba
Purificada con el agua bendita de tus tobillos
Y átame con un mechón de tu cabello
O con un hilo del borde de tu vestido...
Tal vez me convierta en un dios,
Sí, en un dios,
Si logro tocar el fondo de tu corazón.
 
Si regreso. Tórname en
Leña de tu fuego encendido
O en cuerda de tender en la azotea de tu casa
Porque no puedo sostenerme
Sin tu oración cotidiana.
He envejecido. Devuélveme las estrellas de la infancia
Para que pueda emprender
Con los pájaros pequeños
El camino de regreso
Al nido donde tú aguardas.


Mahmud Darwish, Del poemario: Enamorado de Palestina (1966). Traducción de María Luisa Prieto.

4 jun 2015

Un poema en el bolsillo




Llevo un poema en el bolsillo.
Lo utilizo como hicieron Hikmet y Gloria.
Me paseo por las calles con él bien guardado. Compro el pan y arranco el coche con él. Lo enseño para mirar al cielo y para cruzar la calle, para tomar el número en la carnicería y peinar a los hijos. Con el poema en el bolsillo bajo las persianas, acaricio a mi mujer y cierro los libros. El poema me sirve para pedir fuego y agua. Hace de pañuelo, de luna y de cama. Es un espejo. Es la caja tibia donde guardamos el viento.
La poesía es la herramienta que tenemos para tratar de explicar, inconsistentemente, todo lo que pasa ahí fuera. El mundo entero cabe en mi camisa: en este esquema imperfecto de vocales y consonantes. El poema en mi bolsillo lleva las mismas preguntas que ya hicieron las mujeres y los hombres de todas las edades.
No es un buen poema. Literariamente nadie lo señalará como excepcional. Pero me ayuda a tomar el café y la luz todas las mañanas. El poema dice así:

Reuno en un trozo de
pan todo el alimento que
suma,
semillas, el tomate puro
y el aceite.
El movimiento de mi muñeca
sobre el plato
imita a un universo efímero.
Canta un pájaro.
En este trozo del mundo
cantan pájaros a todas horas.
Los días son anchos de luz.
Dentro de nada comenzarán a acortarse.
Así mi vida.

17 mar 2015

Poesía





"No teníamos las mismas palabras. No nos poníamos de acuerdo con las definiciones de Poesía. S. , instruido, buen lector, gran poeta, aseguraba la necesidad de la métrica, de la metáfora en la construcción, del lenguaje como un andamio de belleza. J, instruido, mejor lector, proponía ejemplos concretos, citaba autores y escuelas. Defendía la matemática y el ritmo. Resumía esa perfección del lenguaje en un poema. Su favorito.
Yo no podía ni explicarme ni poner ejemplos concisos. Estaba inseguro y la única seguridad era que el confundido era yo. Esa autoestima que se quedó clavada en una esquina de pasillo de primaria, en un trabajo incompleto, los dedos de pegamento, las burlas por el acento de las montañas de mis padres, esa afilada y cultivada genética de la inseguridad en estas manos de viejo que ahora cuecen siglos y tristeza. No, yo no podía ponerles ejemplos ni contarles qué era para mí la Poesía.
Era quizás esa cámara que obviaba la narración lineal y se moría de pena en un marco de la puerta, la luz vaga y pura de abril, la palabra herida y rota, y la sangre de esa herida en los tafetanes y el vértigo, la alineación de todas las derrotas y la belleza de todos los presentes, los términos confundidos de párrafo, el error, el tartamudeo y la cojera, la postergación del verbo y la contención del deseo, la construcción incorrecta, sin estudio ni diccionario, de la frase, el dolor de no saberse en los adverbios de tiempo ni en las formas verbales, la torpeza de los suburbios, el calendario de la Milagrosa y el azucarero rojo, la negación para contar sílabas o para señalar puntuaciones, las despedidas en los descansillos, los andenes, las vocales huérfanas, las incoherencias y las necedades de todas las batallas que nunca habremos de ganar y con todo quizás el gorrión en los charcos o la mañana rompiendo la noche y la esperanza tosca de empezar todos los días de nuevo y esta luz, esta luz que derrumba el aire y Poesía, sobre todo, sobre todo, en las luchas del hambre  y el pan y un barrio torcido y resistir.
No, pero no, pregunten mejor a S. o a J. Yo no tengo ni ejemplos ni palabras para señalarles bien qué es para mí la Poesía".



Artemio Rulán. Moleskine negra (II)



24 feb 2015

El día que Artemio Rulán comenzó a perder la cabeza

Uno envejece diez años de golpe sin saber cómo.
Esto no lo entendí al principio, pero meses más tarde pero de ratos, el cristal desempañado, todo tenía consistencia y aunque no tuviera sentido percibía un hilo narrativo de en todo.
Comencé a escuchar peor y a ver con más dificultad. Tenía que ladear la cabeza para poder mirar de reojo objetos situados frontalmente. Una ocupación extraña en la mitad del rostro izquierdo. Y dormir más agitado de lo que siempre había dormido.
Olvidé nombres y palabras. Progresivamente algunos, de que forma brusca, libros quemados, otras veces. Levantarse una mañana sin historias. Dejé de leer y de escribir. Leer y escribir conectaba algunas situaciones que eran dolorosas y como un mecanismo de defensa dejé de hacerlo. Pese a este aire tranquilo creo deducir que ya despreciaba ciertas ocupaciones en mis semejantes. Y que otras más pasaron a engrosar mi lista de manías y desprecios. Pero me los callaba, me los callaba en el dolor perenne retrorbitario y en la cojera.
No escribía. Ya no sabía. Me dolía hacerlo.
Pensé pensaba mucho de que ocurriría si el hombre que era entrara de lleno en el hombre que fui hace veinte años. Cómo recibiría aquel cuerpo aquel en los todos estos sentimientos e ideas. Odres viejos, vino nuevo o viceversa. El cuerpo no entendería la mente ni la mente se adaptaría al otro cuerpo.
Algo así era lo que pasaba ahora.
Las historias que ahora contaba no tenían ni demasiado sentido ni demasiado interés. No avanzaba bien el lápiz en el papel en blanco. El lápiz era sólo una excusa. Antes más que ahora. Ahora era algo fisiológico como tener algo que llevarse a los ojos y escarbar los lacrimales. Despreciaba ciertas costumbres como de que felicidad con la que se expresaban mis vecinos. Y despreciaba también los libros que había que otros leyeran y escribían.
Este dolor me producía un hastío sobre todo conmigo que cronificaba el dolor, el insomnio y la cojera. Por eso hablaba menos y miraba menos de frente. Eso fue definiendo mi carácter. Ejercicios de compensación, de vana reconciliación conmigo mismo y quizás un último remanente de convencer a la esperanza que se nos iba de las manos como aquellas tardes de sol en un pueblo que me había resignado a comenzar a olvidar.